Bienal Las Noches de la Música Clásica

La bienal ‘Las Noches de la Música Clásica’ nació en 2003 de una manera muy natural y en el momento y sitio justo, como todas las cosas que parecen predestinadas. Pasando las vacaciones de verano en mi ciudad natal, Durres, nos reuníamos todas las noches con los amigos de los estudios. Allí, entre las interminables charlas, recuerdos, cervezas y risas, tocábamos los quintetos de Mozart. Al final, decidimos interpretar estas preciosas obras para el público. Enseguida tuvimos el apoyo del ayuntamiento y de muchos admiradores de la música clásica. Pusimos un nombre sencillo, pero podría ser más exacto, algo como: “Las noches de música clásica entre amigos y cervezas frías”. Finalmente, el festival tomó forma y se construyó sobre una estructura clara. Son siete noches con temáticas diferentes, como una “promenade” entre las diferentes épocas de la música, incluyendo un concurso para jóvenes talentos; La Noche de la Música Barroca, Clásica, Romántica, Moderna, Albanesa, el Concurso de los Jovenes y Carte Blanche. Cada concierto se desarrolla en ambientes particulares, como en la Catedral Santa Lucia, Museo Arqueológico, Jozef Galery, Teatro Aleksander Moisiu, Conservatorio de Música “Jan Kukuzeli” hasta en una fábrica abandonada en las afueras de la ciudad.

La diferencia con el Grupo Instrumental Siglo XX que dirijo desde 1996, el proyecto de la Bienal de Durres es más “familiar”, más íntimo, es música entre amigos. No hay una cosa más bonita. Al fin, esa es la esencia de la música de cámara. En esta naturalidad está basada toda la estructura de la Bienal. Se han interpretado obras maestras de la historia de la música como “El Arte de Fuga” de Bach o “La Historia del Soldado” de Stravinski. Para cada edición se encarga una obra, y el ganador del concurso de jóvenes es invitado por el Grupo Instrumental Siglo XX para actuar en España. También el GISXX toca regularmente en la bienal. Así se creó un ‘puente sonoro’ entre los dos países. En la última edición, la “Noche de la Música Barroca” se la hemos dedicado al Conde Giacomo Durazzo, de origen de Durres, una enorme figura de la cultura europea en el siglo XVIII, lo cual durante su estancia en Venecia como Embajador, coleccionó la mayor parte de los manuscritos de Vivaldi, entre ellos Los Cuatro Estaciones. Estos manuscritos vieron la luz solamente en los años 20 del siglo XX. Así que Durres, la Torre Veneciana, el Conde Durazzo, violines del siglo XVII, instrumentistas de Durres, crean un cuadro precioso, un emocionante “colage”.

Todo eso es un reencuentro para mi; un reencuentro con mi país, mi ciudad, con mi infancia y, al mismo tiempo, un cierre del “circulo” donde todo gana sentido.

Florian Vlashi